VENTAJAS E INCONVENIENTES DE LAS CONFERENCIAS
MATUTINAS DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA
MAXIMILIANO CASTILLO R.
Dentro de su estrategia de comunicación con sus gobernados, el presidente Andrés Manuel López Obrador ofrece todos los días, muy temprano, una conferencia de prensa. La enorme popularidad del tabasqueño ha permitido elevar el rating de los dos canales de televisión que transmiten en vivo estos encuentros con los periodistas.
En contrapartida, han visto disminuir el número de televidentes los noticieros de televisión y de radio, que coinciden con esa aproximadamente hora y media en que el mandatario habla con los reporteros que cubren la llamada “fuente” de la presidencia. Y no les gusta nadita a los conductores de esos espacios informativos.
La comparecencia del tabasqueño constituye un fenómeno desconocido en el país y el mundo, como lo es él mismo, quien en 12 años acumuló más de 60 millones de votos, y el año pasado ganó el cargo con una organización política que no había cumplido cuatro años de fundada, y a pesar de tener a casi toda la prensa en contra desde un año antes del proceso comicial presidencial del 2006 y hasta la jornada electoral de 2018.
Las conferencias, denominadas peyorativamente “mañaneras” por los críticos del mandatario, ofrecen muchos ángulos interesantes y novedosos para el análisis. Unos de forma y otros de fondo. Entre los primeros destaca la democratización de las conferencias de prensa, porque todos los reporteros y reporteras (como diría Fox) tienen las mismas oportunidades de formular pregunta al presidente de la República, no sólo los representantes de los grandes medios informativos.
Los mexicanos seguidores de esas conferencias se enteraron en ellas de medios informativos digitales cuya existencia pocos conocían y menos visitaban. Pero ahí están haciendo preguntas y recibiendo respuesta del máximo mando del país, a diferencia de hace unos años, cuando los consentidos eran los representantes de las dos mayores cadenas nacionales de televisión y de los diarios más influyentes.
Los ángulos de fondo son los de la posibilidad de que el presidente López Obrador pueda informar directamente a los mexicanos de cuanto está haciendo y especialmente de las condiciones ruinosas del país tras 36 años de gobiernos neoliberales. Por él pudimos conocer la rapacidad del grupo gobernante en el anterior sexenio.
Esa comunicación diaria le ha reportado beneficios: las encuestas registran un crecimiento a su respaldo, de entre el 80 y el 86 por ciento, cuando ganó el cargo con menos del 54 por ciento.
No obstante, las conferencias diarias también contienen riesgos, porque debe hablar de todo lo que le preguntan, y aun cuando es un hombre muy bien informado, no puede tener en la mente tantos datos que los reporteros lo obligan a manejar, por eso en no pocas ocasiones no ha sido preciso en información estadística. En los hechos el presidente López Obrador habla por todos los miembros de su gabinete.
Informa, pero también debate personalmente con sus adversarios, cuando hay temas que deberían atender los miembros de su gabinete, inclusive con comunicados de prensa. En esto tienen razón quienes sostienen que muchas preguntas que los reporteros debían plantearse a los secretarios; además, el gobernante se somete aun desgaste físico tremendo al levantarse muy temprano y pasar en promedio hora y 20 minutos parados durante sus conferencias, mientras sus colaboradores están sentados. Con todo, sus conferencias han adquirido en si mismas rango de noticias, aparte de cuanto en ellas se informa.